Mi pequeña compañera
Llegaste a mi vida en silencio,
con esos ojos que parecían entenderlo todo,
y sin darme cuenta te convertiste
en mi refugio, en mi calma, en mi hogar.
No eras solo una gata,
eras mi sombra y mi compañía,
la pequeña alma que caminaba conmigo
en los días buenos y en los días difíciles.
A todos lados ibas a mi lado,
como si tu lugar siempre hubiera sido conmigo.
No buscabas otros brazos,
no necesitabas otras manos,
porque tú ya habías elegido a tu persona.
Solo yo conocía tu cariño,
esa forma tuya de acercarte,
de mirarme, de confiar en mí,
como si nuestras almas hablaran
sin necesidad de palabras.
Extraño tus pasos por la casa,
tu presencia acompañando mis días,
extraño saber que estabas cerca,
que nunca estaba sola mientras tú vivías.
Ahora hay un vacío donde antes estabas,
un silencio que pesa más de lo que imaginé,
pero guardo cada recuerdo contigo
como un tesoro que jamás perderé.
Porque, aunque tus patitas ya no caminen conmigo,
aunque no pueda abrazarte otra vez,
siempre vivirás en mi corazón, Frejya,
mi pequeña compañera fiel.
Gracias por elegirme,
por darme un amor tan puro,
por acompañarme en esta vida
y hacer mi mundo un poco más bonito.
Siempre serás mi gata,
mi amiga, mi familia, mi hogar.
Y aunque el tiempo pase,
nunca dejaré de amarte.

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