Si algún día me faltas
No sé en qué momento el miedo
aprendió a vivir dentro de mi pecho.
Llegó sin hacer ruido,
y ahora cada latido
me recuerda que podría perderte.
Hay noches
en las que el sueño me abandona.
Las almohadas conocen mis lágrimas,
la oscuridad escucha mi voz quebrada,
mientras tú duermes sin saber
cuántas veces he llorado en silencio.
Nunca te lo digo.
Guardo mis tormentas
detrás de una sonrisa cansada,
como si esconder el dolor
pudiera impedir que se hiciera realidad.
Cada día siento
que te alejas un poco más,
y yo extiendo las manos
tratando de alcanzar algo
que el miedo insiste en arrebatarme.
No quiero perderte.
No quiero convertirme
en un recuerdo que el tiempo borre,
ni despertar un día
y descubrir que ya no habito
en tus pensamientos.
Me asusta imaginar
que un día olvides mi nombre,
mi risa,
las cosas pequeñas que compartimos,
como si todo lo que fuimos
se deshiciera entre tus manos.
Porque contigo
los colores aprendieron a existir,
y sin ti
el mundo se vuelve gris,
las mañanas pesan,
las noches no terminan,
y el silencio hace eco
donde antes estaba tu voz.
Tal vez nunca sepas
cuántas veces me dormí llorando,
cuántas veces abracé tu ausencia
aunque siguieras estando,
cuántas veces el miedo
me ganó la batalla.
Solo quisiera
que, si algún día miras mis ojos,
puedas ver todo aquello
que mis labios nunca fueron capaces de decir:
que te amo con una intensidad
que a veces también me rompe,
y que mi mayor temor
no es la soledad,
sino un mundo
en el que tú ya no quieras caminar conmigo.
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