Nací mujer. Pero no quiero morir por ser mujer.
Nací mujer
No fue una decisión. no fue algo que elegí. simplemente nací así.
Pero hay algo que me niego a aceptar: que algún día puedo morir por ser mujer.
Es extraño pensar que algo tan sencillo como nuestra existencia pueda venir acompañado de una lista interminable de advertencias.
“Mándame mensaje cuando llegues.”
“No aceptes bebidas de desconocidos.”
“Ten cuidado con cómo te vistes.”
“Avísame cuando estes en casa.”
“Comparte tu ubicación.”
Desde pequeña aprendemos cosas que nadie debería tener que aprender para sentirse a salvo. Aprendemos a mirar hacia atrás cuando caminamos, a sostener las llaves con fuerza, a desconfiar de ciertos lugares, de ciertas horas, de ciertas personas, a pensar dos veces antes de decir que no.
Estoy cansada, estoy cansada de que nos digan que tengamos cuidado, cansada de que nos enseñen a sobrevivir antes que a vivir.Preguntarnos si estamos exagerando cuando algo nos incomoda.
Y lo peor es que muchas veces ni siquiera sabemos cuándo empezamos a hacerlo. simplemente se vuelve parte de crecer siendo mujer, que horrible es que así sea.
Porque yo no quiero pasar mi vida pensando en todas las maneras en las que podría dejar de estar viva.
QUIERO VIVIR.
Quiero regresar a casa sin tener que avisarle a nadie que llegue
Quiero caminar por la calle sin preguntarme quien viene detrás de mí.
Quiero poder decir que no sin preguntarme que podría provocar mi rechazo.
Quiero equivocarme, enamorarme, viajar, aburrirme, cambiar de opinión, hacer cosas estúpidas, hacer cosas maravillosas y tener la oportunidad de descubrir quien voy a hacer.
No quiero que mi historia termine porque alguien decidió que mi vida valía menos que su violencia.
La violencia contra la mujer no es un problema inventado para generar miedo. Es una realidad que a lleva décadas siendo estudiada y documentada.
ONU mujeres estima que casi una de cada tres mujeres en el mundo ha experimentado violencia física o sexual al menos una vez en su vida.
En México, el INGI documenta mediante la ENDIREH distintos tipos de violencia contra las mujeres; psicológica, física, sexual, económica y patrimonial, además de las experiencias ocurridas en ámbitos como la pareja, la familia, la escuela, el trabajo y la comunidad.
Es decir, el problema no empieza cuando una mujer termina siendo víctima de un crimen. Empieza mucho más antes, cuando tenemos que modificar nuestras maneras de vivir para intentar evitarlo.
Y hay algo particularmente doloroso en esto: muchas de las recomendaciones que recibimos para mantenernos seguras terminan convirtiéndose en restricciones para nuestra propia liberta.
Nos enseñan a evitar. ¿Pero cuando vamos a dejar de enseñarnos a nosotras mismas como sobrevivir y vamos a empezar a enseñar a los demás a no violentarnos?
No quiero que, si algo me ocurre, alguien pregunte que estaba haciendo, como iba vestida, a qué hora salió, porque estaba sola o por que confió en determinada persona.
Quiero que la primera pregunta sea otra:
¿por qué alguien decidió hacerle daño?
Durante siglos, distintas sociedades encontraron maneras de castigar a las mujeres que se salían de lo que se esperaba de ellas.
La historia de las persecuciones por brujería es mucho más compleja de lo que a veces nos cuentan. No todas las personas acusadas fueron mujeres, ni todas las persecuciones ocurrieron de la misma manera. Pero las mujeres estuvieron entre las principales víctimas de las grandes persecuciones por brujería de la Edad Media.
Y hay algo de esa historia que todavía me provoca una sensación horrible:
que fácil puede ser convertir a una mujer diferente en una amenaza.
La palabra bruja llego a convertirse en una acusación capas de destruir vidas. Y aunque hoy muchas personas hemos recuperado es palabra desde otro lugar, para mi sigue siendo imposible ignorar lo que representa históricamente.
Por eso me gusta la figura de la bruja, no por la persecución. sino porque podemos convertir en símbolo
La mujer que sabe
La mujer que observa
La mujer que conoce la naturaleza
La mujer que escucha su intuición
Me gusta esa imagen porque durante demasiado tiempo se nos ha hecho creer que una mujer poderosa tiene que ser peligrosa.
¡Amo que podamos ser sensibles y extrañas, racionales y espirituales, científicas y esotéricas, delicadas y furiosas!Amo ser mujer.
Y quizá esa es la parte que más quiero dejar claro
No quiero que el miedo me haga sentir vergüenza de algo que forma parte de mí. Amo ser mujer incluso sabiendo que serlo puede significar enfrentar cosas que jamás deberían haber sido nuestra responsabilidad.
Y mientras este aquí, quiero vivir como una.
Sin vergüenza. Sin pedir perdón. Sin miedo a ocupar mi lugar.


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